Dúo londinense ofreció en Lima velada llena de sorpresas sonoras y visuales

El bailarín lució buzo rojo con una pequeña llama en el que se leía “Hola Perú”

Lima, oct. 21 (ANDINA).- Un concierto con muchos momentos memorables, por sus sorpresas sonoras y visuales, fue el que brindó en Lima el dúo inglés de pop electrónico Pet Shop Boys. El despliegue escénico y musical desarrollado durante hora y media dejó satisfechos tanto a aquellos que asistieron llamados únicamente por sus éxitos radiales, como a quienes los siguen desde la aparición de su primer disco.

Fueron varios miles de personas las que llegaron hasta el Jockey Club para ser partícipes de la última fecha sudamericana de la gira “Pandemonium”.

Escribe: Fidel Gutiérrez

La singularidad de la puesta en escena desarrollada por la diseñadora británica Es Devlin, podía apreciarse con tan solo ingresar al recinto y ver sobre el escenario una enorme pared armada con cubos pintados de blanco que semejaban bloques de concreto o yeso.

Cuando, pasadas las 21.00 horas, las luces se apagaron, este decorado sirvió como soporte de imágenes proyectadas para ilustrar la letra de “Heart”, de 1987; aquel clásico en cuyo vídeo aparece, en el papel de un libidinoso Drácula, el gran actor Ian McKellen.

En ese momento, haciéndose espacio en medio de la blanca “pared”, aparecieron dos coristas –cada una con un cubo en la cabeza a la manera de máscara- precediendo por unos segundos al cantante Neil Tennant y al tecladista Chris Lowe, quienes , ataviados de manera similar, irrumpieron “rompiendo” algunos de los enormes bloques.

La presencia de la dupla generó la ovación del variopinto público presente, en el que se encontraban conocidos personajes del mundo del periodismo y la farándula.

Esta audiencia, sin embargo, en muchos momentos de la primera mitad del concierto pareció ignorar el carácter bailable de la música de Pet Shop Boys, para concentrarse casi obsesivamente en registrar cada movimiento escénico mediante cámaras y celulares.

Dicha actitud varió cuando, al final de “Building a wall” –canción de “Yes”, su último disco- los bloques se desplomaron, dando lugar a los acordes de “Go West”, canción de los estadounidenses Village People, que el dúo británico adaptó porque los “hinchas” del equipo de fútbol Arsenal –del que Lowe es seguidor- la utilizaban como “barra”, pero que terminó convirtiéndose en un himno para la comunidad homosexual.

El siguiente paso fue regalarle a los fans joyas poco difundidas de su repertorio. “Two Divided by Zero” –el tema con el que empezaba su primer disco, “Please”, de 1986-retumbó con sus robóticas voces, mientras sobre la plataforma donde descansaba el teclado y la laptop de Lowe, se proyectaban letras, números y formas que remitían a los gráficos de los juegos de Atari y de las computadoras personales de hace dos décadas.

“Why don´t we live together”, el tema final de esa misma producción, hizo que el habitualmente estático tecladista ensayara algunos pasos de baile con los cuatro danzantes que intervinieron en el concierto y que en esta pieza aparecieron disfrazados de rascacielos, recordando así a Nueva York, ciudad en la que los Pet Shop Boys grabaron sus primeras composiciones exitosas, junto al productor Bobby Orlando.

Antes, el único varón de este ballet, había aparecido con un buzo rojo en el que, además de verse una pequeña llama, se leía la frase “Hola, Perú”.

De inmediato, “Always on my mind” -aquella canción de Elvis Presley que Tennant y Lowe reinterpretaron de manera tan excelente que ahora muchos creen que es de ellos-, impactó fuertemente en la audiencia, que la bailó y coreó con bullicioso fervor de principio a fin, en lo que fue el primer verdadero momento de euforia de la noche.

La discotequera “New York City Boy” la sucedió, prolongando el clima festivo.
A su término, el cantante subió hasta lo más alto de la torre de bloques que, paulatinamente, el staff del grupo había armado, para interpretar parte de “Closer to heaven”, otro de los temas nuevos, coronándola con la estupenda “Left to my own devices”, cuya intensidad fue tan alta como la de la que emana de la grabación original, pese a que no contó con los arreglos de cuerda que esta última sí presenta.

Tras ella, solo Lowe permaneció en el escenario. La brevísima pieza instrumental que tocó en su teclado anunció una secuencia de canciones lentas cantadas por un Tennant ataviado ahora con un impecable smoking.

“Do i have to?”, editada hace 21 años e identificada tan sólo por los verdaderos seguidores del grupo, fue el punto inicial de un pequeño “medley” rematado con “King’s Cross”, tema que cerraba con desencanto y melancolía su disco “Actually”, de 1987.

“Jealousy”, su mejor balada, impactó por la escenificación coreografiada de una pelea de pareja, a cargo de dos bailarines afro.

El ritmo retornó con “Suburbia”, para lo cual las bailarinas volvieron a cubrirse la cabeza con cubos y el cuerpo con formales ternos y corbatas. Estos últimos terminaron en el piso, simbolizando el llamado a abandonar todo lo que impide a una persona realizarse, expresado en dicha canción (una de las primeras y de las mejores del dúo).

Tras la latina “Se a vida e”, Tennant volvió a sorprender al aparecer vestido como un rey para interpretar una versión electrónica de “Viva la vida”, de Coldplay; actualmente la banda de rock más exitosa de su país.

Antes que un homenaje, fue un ejercicio de sutil ironía, evidenciado al intercalar entre los versos esa parte del coro de su canción “Domino Dancing” que dice “watch them all fall down” (“míralos caer a todos”).

La primera despedida llegó tras “It’s a sin”, tema que desde 1987 no deja de sonar en las radios limeñas, y que representa la posición de Tennant frente al sistema educativo de los colegios religiosos. A su término, una lluvia de papel platinado cayó sobre el público, que, de inmediato, reclamó el retorno de los músicos.

Estos accedieron al requerimiento, reapareciendo con sendos cascos llenos de plumas e interpretando esa crónica sobre aprendizaje y bohemia llamada “Being Boring”.

Culminada esta, Tennant agradeció en español, presentó a todos los participantes y procedió a cantar (y bailar) su primer éxito, “West End Girls”, cambiando el casco por un sombrero de bombín típicamente londinense que no dudó en regalar al público.

Cuando, pese a los pedidos, los músicos no retornaban y empezó a sonar una versión jazz de “It´s a sin”, parecía que la fiesta había terminado.

Sin embargo, invadidos por el espíritu alegre de la velada, algunos de los asistentes del grupo empezaron a arrojar al público las cajas que fungían como bloques de concreto, generando un divertido juego que terminó con muchos llevándose a casa tan enormes souvenirs. Un lúdico final para uno de los conciertos más imaginativos realizados en Lima en los últimos tiempos

(FIN)FGM/MMB

(AND260119) Fecha: 21/10/2009